Los suelos dedicados al cultivo de la viña en la comarca son de variada composición, predominando los compuestos de cenizas y rocas volcánicas. En general son suelos ácidos de alto contenido en materia orgánica que se aterrazan para evitar la erosión y conseguir el máximo aprovechamiento del suelo agrícola.
Las parcelas de viñedo se localizan entre los 50 y 1.400 metros sobre el nivel del mar. Son generalmente parcelas pequeñas, escarpadas y que casi no permiten mecanización.